Kanzenban en 12 tomos
Una colección más compacta y cómoda para disfrutar de la historia completa con bloques de lectura más potentes.
Cabezas de reptil, hechiceros con máscaras, humo mágico, gyozas y una ciudad que parece haber sobrevivido a diez apocalipsis. La obra de culto de Q Hayashida regresa en una edición espectacular pensada para leer, tocar y coleccionar.
Hay mangas que se pueden resumir con una frase. Luego está Dorohedoro, que prefiere reírse de las etiquetas, abrir una puerta mágica y lanzarte de cabeza a un mundo lleno de mugre, sangre, hechiceros, demonios, máscaras imposibles y personajes que deberían darte miedo, pero acaban cayéndote peligrosamente bien.
La obra de culto de Q Hayashida vuelve a las librerías españolas con una nueva edición de Norma Editorial en formato kanzenban. Serán 12 volúmenes, con páginas a color y una sobrecubierta reversible con textura que le sienta a la serie como una máscara de demonio hecha a medida.
Esta nueva edición nos trae de vuelta esta mítica serie en un formato más grande, más vistoso y con el contenido de dos tomos tankonbon. Una excusa perfecta para empezar desde cero o para volver a perderse en Hole como si fuera la primera vez.
Una colección más compacta y cómoda para disfrutar de la historia completa con bloques de lectura más potentes.
Dos diseños en una misma cubierta y una textura especial que recuerda directamente a la piel reptiliana de Caimán.
El arte de Q Hayashida luce como se merece, con ilustraciones que refuerzan esa mezcla de suciedad, energía y locura visual.
El primer tomo de esta nueva edición recopila el contenido de dos volúmenes de la edición anterior. Más historia, más caos y más páginas para engancharte a una de las obras más raras, brutales y fascinantes del manga contemporáneo.
Si nunca has leído Dorohedoro, esta es la puerta de entrada ideal. Y si ya la conoces, cuidado: esta edición pide estar en tu estantería a gritos.
Quiero este tomoLa historia arranca en Hole, una ciudad ruinosa, contaminada y violenta donde sobrevivir un día más ya cuenta como planazo. Sus habitantes viven rodeados de humo, basura, edificios a medio caer y visitas bastante poco agradables de unos seres conocidos como hechiceros.
Estos hechiceros viajan desde su propio mundo para experimentar su magia sobre humanos indefensos. Algunos transforman cuerpos, otros mutilan, deforman o convierten a sus víctimas en auténticas pesadillas con patas. Lo normal en Hole, vaya.
En mitad de este desastre vive Caimán, un tipo enorme con cabeza de reptil, memoria perdida y muy pocas ganas de hacer preguntas con educación. Su objetivo es encontrar al hechicero que lo transformó y recuperar su identidad.
A su lado está Nikaido, su mejor amiga, dueña del restaurante Hungry Bug y una de esas personas que pueden prepararte unas gyozas increíbles o plantarle cara a un monstruo sin despeinarse demasiado.
Esto no va de héroes contra villanos. Va de gente rarísima intentando sobrevivir en un mundo todavía más raro.
El gran motor de Dorohedoro es una pregunta tan sencilla como adictiva: ¿quién demonios convirtió a Caimán en un lagarto? A partir de ahí, Q Hayashida construye una red de identidades perdidas, recuerdos alterados, experimentos mágicos, organizaciones clandestinas y secretos que conectan Hole con el mundo de los hechiceros.
Lo mejor es que la serie nunca se queda quieta. Cada respuesta abre otra puerta. Cada personaje secundario puede acabar siendo fundamental. Cada chiste absurdo puede esconder una pista importante. Dorohedoro parece caótica, sí, pero bajo toda esa sangre, humo y suciedad hay una planificación finísima.
Y luego están Shin y Noi, Fujita, Ebisu, En y todo ese reparto de personajes que, en cualquier otro manga, serían simples enemigos. Aquí tienen sus propias bromas, sus rutinas, sus lealtades y sus momentos de gloria. Acabas queriendo que sobrevivan todos, aunque muchos de ellos se pasen media serie descuartizando gente.
Si te gusta la violencia, los mundos podridos, los secretos enormes y los personajes moralmente grises, aquí hay menú completo.
Dorohedoro tiene acción, misterio y humor, pero con una personalidad visual y narrativa que va totalmente a su bola.
Tamaño mayor, páginas a color, cubierta reversible y textura especial. Una edición de esas que apetece enseñar.
El arte de Q Hayashida es una de las razones por las que Dorohedoro tiene tanta fuerza. Su trazo es denso, rugoso, lleno de texturas, manchas, humo, óxido y rincones que parecen oler a metal viejo, grasa y magia mal usada.
No busca ser un manga limpio. Y menos mal. Cada callejón de Hole parece habitado, cada máscara cuenta algo del personaje que la lleva y cada página tiene esa sensación de universo vivo, gastado y peligroso. El formato kanzenban ayuda muchísimo a disfrutar esos fondos industriales, esas masas de negro y esos diseños tan reconocibles.
La autora mezcla terror corporal, punk, metal, fantasía oscura, humor absurdo y sensibilidad underground sin que parezca un collage de referencias. Dorohedoro es Dorohedoro. No necesita parecerse a nada más.
Dorohedoro no se lee con la punta de los dedos. Se entra, se mancha uno de humo y se sale con ganas de más.
Sí. Mucho. Esta es probablemente la mejor forma de descubrir Dorohedoro en castellano: edición más grande, colección reducida a 12 tomos, páginas a color y un primer volumen que entra como una puerta mágica directa al caos.
También tiene mucho sentido si eres fan. El tamaño permite apreciar mejor el dibujo, la recopilación doble cambia el ritmo de lectura y la sobrecubierta reversible con textura convierte cada tomo en una pieza bastante golosa.
Dorohedoro puede conectar con lectores de Berserk por su oscuridad y violencia, con fans de Chainsaw Man por su humor salvaje y su amor por lo inesperado, con quienes disfrutan de mundos industriales como Blame! y, por supuesto, con cualquiera que tenga curiosidad por Dai Dark, la obra posterior de Q Hayashida. Ojalá dentro de poco la tengamos también licenciada por aquí, porque menuda fantasía sería.
Eso sí: no es una lectura para todos los públicos. Hay violencia gráfica, mutilaciones, terror corporal y situaciones grotescas. Pero bajo toda esa capa de sangre, máscaras y humo mágico hay una historia sorprendentemente cálida sobre amistad, identidad y la necesidad de encontrar tu sitio, aunque tu sitio sea una ciudad que parece una pesadilla con alquiler barato.