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DESPERTA FERRO HISTORIA MODERNA 041 NAPOLEON EN EGIPTO

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Ficha técnica del producto:

  • Tipo Producto Desperta Ferro
  • ISBN 977225505400800041
  • Páginas 68
  • Ancho 21,00
  • Alto 29,70
  • Encuadernado GRAPA
  • Modalidad Novedades

  • Descripción:

    A principios de 1798, los ejércitos de la República francesa habían vencido a todos sus enemigos excepto uno: Gran Bretaña. El enfrentamiento, que destacados líderes franceses equiparaban, por la esencia antagónica de ambos países, a las Guerras Púnicas entre Roma y Cartago, debía forzosamente decidirse fuera de Europa. Las victorias navales británicas de 1797 hacían inviable una invasión de Gran Bretaña. El intrigante ministro de Exteriores, Talleyrand, y el héroe de las campañas de Italia, Bonaparte, señalaron el inesperado escenario donde Francia debía centrar sus esfuerzos: Egipto, una provincia otomana con cuya conquista debía obtenerse una posición estratégica privilegiada a caballo entre el Mediterráneo y el océano Índico. El quimérico objetivo final era alcanzar la India y privar a los británicos del mercado que nutría de algodón su boyante industria textil. Nada salió como estaba previsto y, sin embargo, la campaña de Napoleón en Egipto es la más evocadora de las campañas napoleónicas: librada en un escenario tórrido, entre ruinas de una civilización milenaria, con un enemigo que, si bien carecía de la sutileza de los rivales europeos, resultaba infinitamente más escurridizo, y con el imperativo de lidiar con un pueblo de una idiosincrasia tan distinta de la francesa como el egipcio. Aislados tras la destrucción de su flota a manos del contraalmirante Nelson, los soldados de la Armée d’Orient tuvieron que aprender a sobrevivir en un ambiente hostil.

    - El duelo franco-británico en Oriente por Alexander Mikaberidze – Louisiana State University Shreveport:
    A caballo del istmo que conecta África y Asia, Egipto había constituido durante mucho tiempo uno de los ejes de los intereses globales de Francia. Con la pérdida de colonias en la India y Norteamérica durante la Guerra de los Siete Años (1756-1763), la presencia francesa en el Levante (el Mediterráneo oriental) asumió una mayor importancia. Egipto podía ejercer un vínculo crucial entre los intereses levantinos de Francia y sus ambiciones imperiales en Asia, además de proporcionar conexiones adicionales con Arabia y el África septentrional y oriental. La idea de establecer la presencia francesa en Egipto y el Levante había formado parte del pensamiento estratégico francés desde la época de Luis XV, pero fue durante las guerras revolucionarias cuando se llevó a cabo un esfuerzo concreto para hacerla realidad.

    - La campaña naval y la batalla de Abukir por Michèle Battesti – Université Paris-Sorbonne:
    El 1 de agosto de 1798, la escuadra francesa del Mediterráneo, al mando del vicealmirante Brueys d’Aigalliers, cuya misión era transportar la Armée d’Orient a Egipto, fue destruida por el contraalmirante Nelson mientras estaba fondeada en la rada de Abukir. Por sus dimensiones y por su carácter irreversible, esta primera batalla de destrucción del periodo contemporáneo ocasionó una onda expansiva en Europa y tuvo consecuencias estratégicas incalculables. La batalla de Abukir plantea preguntas sobre cómo pudo haber ocurrido un desastre de esta magnitud cuando se suponía que los franceses aguardaban con firmeza a la escuadra británica desde hacía un mes.

    - El Egipto otomano por Doris Behrens-Abouseif – SOAS University of London:
    Cuando Napoleón desembarcó en Alejandría, hacía casi tres siglos que Egipto era una provincia otomana. A su llegada, se cuenta que dijo: “Durante demasiado tiempo esta chusma de esclavos traídos del Cáucaso y Georgia ha tiranizado la parte más bella del mundo”. Su comentario no era raro. Los académicos, exploradores y diplomáticos que habían visitado Egipto los dos siglos precedentes, y en especial poco antes, habían emitido comentarios del mismo estilo. Con tales “esclavos” Napoleón se refería al cuerpo militar de los mamelucos. A lo largo del siglo XVII, la autoridad central otomana declinó gradualmente al tiempo que emergieron movimientos de resistencia local. Las facciones militares comenzaron a ganar poder y a desviar fondos de los impuestos en beneficio propio. El cuerpo de mamelucos fue el primero en emanciparse hasta el extremo de destituir a los gobernadores designados por el sultán.

    - La marcha sobre El Cairo y la batalla de las Pirámides por Oleg Sokolov – Sankt Peterburgski Gosudarstvenny Universitet:
    El 1 de julio de 1798, la poderosa armada francesa con el ejército de Bonaparte a bordo llegó a las costas africanas. Cincuenta y cinco buques de guerra (trece de línea y seis fragatas) y 286 embarcaciones de transporte y comercio conducían cerca de 38 000 soldados y oficiales del ejército de tierra. El 21 de julio, tras un arduo avance a través del desierto, la Armée d’Orient contemplaba los minaretes de El Cairo y las pirámides de Guiza. Aquel día se produjo la batalla decisiva contra los mamelucos, que culminó con un triunfo napoleónico. La mañana del 23 de julio las primeras unidades francesas tomaron el control de El Cairo y de la antigua fortaleza que dominaba la capital de Egipto. Bonaparte entró en la ciudad la tarde del 24 de julio y se presentó ante los cairotas como libertador frente al yugo de los mamelucos. Así, con veintinueve años, el corso era amo de un país conquistado.

    - Combatir en el desierto. La adaptación del Armée d’Orient por Bruno Colson – Université de Namur:
    Cuando el general Bonaparte y el ministro de Asuntos Exteriores Talleyrand convencieron al Directorio de enviar una expedición militar a Egipto, sus averiguaciones eran incompletas e incluso erróneas. El país tenía fama de fértil y rico, con un clima agradable, pero este era de un calor abrasador durante el día y muy frío durante la noche; los recursos alimenticios pronto se mostraron limitados y, desde la misma marcha inicial hacia El Cairo, algunos soldados llegaron incluso a suicidarse debido al sufrimiento que les causaba la sed. La resistencia en nombre del islam se cobró la vida de muchos soldados, caídos en emboscadas o secuestrados y ejecutados de modo brutal. Epidemias como la peste estuvieron lejos de ser controladas y, apenas las tropas francesas desembarcaron, la escuadra que los había transportado fue aniquilada en la bahía de Abukir. Completamente aislada en un ambiente hostil, la Armée d’Orient tuvo que adaptarse a unas condiciones en las que debería vivir durante tres años.

    - Desierto, mamelucos y faraones. La expedición de Desaix al Alto Egipto por Francisco Gracia Alonso – Universidad de Barcelona
    Ocupado El Cairo tras su victoria en la batalla de las Pirámides, Bonaparte tenía ante sí el reto de asegurar la conquista y organizar la estructura colonial que había prometido al Directorio. Para lograrlo, debía finalizar la conquista del delta; someter las regiones más próximas a la capital para demostrar a la población que el poder francés era fuerte; asegurar las comunicaciones entre las posiciones de su ejército y, especialmente, acabar con la amenaza de los líderes mamelucos, que se habían refugiado en el Alto Egipto, desde donde podían hostigar a su ejército y recibir refuerzos y suministros desde la península arábiga una vez que el líder mameluco de origen circasiano Murad Bey solicitó la ayuda de los musulmanes de La Meca y Medina para llevar a cabo una guerra santa contra el invasor. Era evidente que la guerra se iba a reproducir y que había que acabar con la amenaza, por lo que Bonaparte dio orden el 16 de agosto de 1798 al general Louis Charles Antoine Desaix de que con su división persiguiera a Murad Bey y lo derrotara.

    - Desierto, mamelucos y faraones. La expedición de Desaix al Alto Egipto por Francisco Gracia Alonso – Universidad de Barcelona:
    Ocupado El Cairo tras su victoria en la batalla de las Pirámides, Bonaparte tenía ante sí el reto de asegurar la conquista y organizar la estructura colonial que había prometido al Directorio. Para lograrlo, debía finalizar la conquista del delta; someter las regiones más próximas a la capital para demostrar a la población que el poder francés era fuerte; asegurar las comunicaciones entre las posiciones de su ejército y, especialmente, acabar con la amenaza de los líderes mamelucos, que se habían refugiado en el Alto Egipto, desde donde podían hostigar a su ejército y recibir refuerzos y suministros desde la península arábiga una vez que el líder mameluco de origen circasiano Murad Bey solicitó la ayuda de los musulmanes de La Meca y Medina para llevar a cabo una guerra santa contra el invasor. Era evidente que la guerra se iba a reproducir y que había que acabar con la amenaza, por lo que Bonaparte dio orden el 16 de agosto de 1798 al general Louis Charles Antoine Desaix de que con su división persiguiera a Murad Bey y lo derrotara.

    - La propaganda y los periódicos egipcios de Napoleón Bonaparte por Wayne Hanley – West Chester University:
    Entre los integrantes civiles de la expedición de Napoleón a Egipto se contaban varios periodistas veteranos con sus imprentas (provistas de caracteres latinos, arábigos y siríacos). Su propósito no era solo atender las necesidades de imprenta del ejército con la elaboración de boletines y órdenes del día, sino también aplicar en Egipto lo que tan bien había funcionado para Bonaparte en Italia, el establecimiento de una gaceta militar que ayudase a divulgar sus esperados éxitos. Estos periódicos servían para reforzar la moral y unir el ejército sobre la base de sus éxitos, al tiempo que instruían a los soldados franceses sobre cómo debían comportarse en un país extranjero y demostraban la superioridad militar y tecnológica francesas sobre la población local.

    - Y además, introduciendo el N.º 42, El capitán Cuéllar, un náufrago de la Gran Armada por Àlex Claramunt Soto:
    El relato de Francisco de Cuéllar constituye el mejor y más trepidante testimonio de las vivencias que hubieron de afrontar los marinos y soldados españoles que, tras sobrevivir a las hecatombes marinas en la costa noroccidental de Irlanda en otoño de 1588, lograron salir adelante en un ambiente ignoto y a menudo hostil, proeza que el capitán sintetiza de este modo en su trepidante descripción de aquellos hechos: “Yo me escapé de la mar y de estos enemigos por encomendarme muy de veras a Nuestro Señor y a la Virgen Santísima madre suya, con trescientos y tantos soldados que también se supieron guardar y venir nadando a tierra, con los cuales pasé harta desventura, desnudo, descalzo todo el invierno, pasado más de siete meses por montañas y bosques, entre salvajes, que lo son todos en aquellas partes de Irlanda donde nos perdimos.”
    • Tipo Producto Desperta Ferro
    • ISBN 977225505400800041
    • Páginas 68
    • Ancho 21,00
    • Alto 29,70
    • Encuadernado GRAPA
    • Modalidad Novedades

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